Informes del Científico Jefe de la OTAN
Cuando pensamos en la guerra, tendemos aún a imaginar el espacio físico: territorio, espacio aéreo y sistemas de armas. Sin embargo, el conflicto contemporáneo se extiende cada vez más allá del espacio de batalla físico, hacia la forma en que las personas perciben la realidad, interpretan la información y toman decisiones bajo presión. Este desplazamiento se sitúa en el centro de lo que la OTAN denomina Guerra Cognitiva, tal como se expone en el informe de investigación del Científico Jefe de la OTAN sobre la Guerra Cognitiva.
En este contexto, la inclusión de Anima en un volumen de la Serie de Ciencia para la Paz y la Seguridad de la OTAN marca una transición importante: de una herramienta de salud mental utilizada en contextos militares y clínicos a una tecnología relevante para comprender la seguridad cognitiva en un sentido más amplio.
En el informe del Científico Jefe, la Guerra Cognitiva no se presenta como un nuevo campo de batalla junto a la tierra, el aire, el mar o el ciberespacio. En cambio, se describe como una dimensión transversal que afecta a todos los dominios a la vez. Su objeto no es la infraestructura ni el territorio, sino la cognición misma: la atención, el juicio, la confianza y las condiciones que permiten una toma de decisiones sólida.
El informe subraya que prácticas como el engaño, la manipulación y la influencia no son nuevas. Lo que ha cambiado es su escala y precisión. Las plataformas digitales, la inteligencia artificial y los flujos de información globales permiten que los efectos cognitivos se propaguen de forma rápida y persistente, afectando tanto al personal militar como a las poblaciones civiles. El objetivo suele ser indirecto: no un daño inmediato, sino una erosión —de la confianza, la coherencia y la capacidad de tomar decisiones acertadas.
Bajo este planteamiento, la carga cognitiva no es un efecto secundario del conflicto, sino una variable estratégica, ya que el deterioro de la atención y el juicio puede repercutir en la coordinación, la evaluación de riesgos y la confianza.
Si la Guerra Cognitiva tiene como blanco la forma en que las personas perciben y deciden, surge una pregunta práctica: ¿cómo puede detectarse la carga cognitiva antes de que tenga consecuencias operativas? Aquí es donde entra Anima.
Desde 2022, Anima se ha utilizado en la práctica militar operativa por psicólogos que trabajan con la 3.ª Brigada de Asalto de Ucrania, junto con cuestionarios validados estándar, lo que ha permitido poner a prueba el enfoque en condiciones reales.
Anima no es un sistema de influencia. No transmite mensajes, no orienta opiniones ni intenta persuadir. Su función es más fundamental: registra cómo se comporta la atención visual bajo estrés, un ámbito que a menudo cambia antes de que las personas puedan describir con claridad lo que les está ocurriendo. La investigación en psicología cognitiva y clínica muestra de forma consistente que estados emocionales como la ansiedad, la depresión o la fatiga extrema alteran hacia dónde miran las personas, qué evitan y durante cuánto tiempo permanece fija su atención en determinados estímulos.
Mediante seguimiento ocular por webcam e inteligencia artificial, Anima mide estos patrones durante tareas naturales como observar imágenes o leer texto. A partir de estos datos, deriva indicadores objetivos relacionados con el sesgo atencional —incluyendo hipervigilancia ante amenazas, evitación, disforia y anhedonia— que resultan difíciles de captar de forma fiable únicamente mediante autoinforme.
Es importante señalar que la publicación de la OTAN no presenta a Anima como un sustituto de las evaluaciones psicológicas establecidas, sino como un complemento. Los cuestionarios siguen siendo esenciales. Anima añade una señal conductual que puede repetirse con frecuencia, no depende de la introspección y se mantiene sensible incluso cuando las personas subestiman o desconocen los cambios en su propio estado mental.
Uno de los temas centrales en el marco de la OTAN sobre la Guerra Cognitiva es la resiliencia: la capacidad de mantener o recuperar un rendimiento eficaz bajo presión cognitiva. Desde esta perspectiva, herramientas como Anima cumplen una función de monitoreo más que operativa.
Al identificar cambios tempranos en la atención, que a menudo preceden a los síntomas conscientes, Anima ayuda a los profesionales a comprender cuándo los recursos cognitivos están siendo sometidos a tensión, distorsionados o agotados. En contextos militares, esto tiene una relevancia directa para la preparación, la recuperación y el rendimiento sostenido. En contextos civiles y sociales, apunta a una preocupación más amplia: cómo la presión informativa prolongada puede deteriorar el juicio y la toma de decisiones colectiva. En términos prácticos, Anima hace visible la carga cognitiva antes de que se convierta en daño.