Navegar el estrés con tácticas evasivas

Nataliia Kostenko, MS in Psychology junio 19, 2023
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Ofelia, John Everett Millais, 1851–1852

¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que la vida parece ir bien en la superficie, pero una sensación de malestar, pensamientos intrusivos o una melancolía persistente se cuelan sin avisar? ¿O quizás te has sentido mentalmente agotado intentando controlar un mal humor inexplicable? Si esto te resulta familiar, probablemente estés recurriendo a la evitación como mecanismo de defensa frente al estrés.

La doble naturaleza de la evitación: comodidad psicológica frente a crecimiento personal

La evitación sirve como estrategia psicológica adaptativa para esquivar situaciones emocionalmente angustiantes. Piensa en el entorno laboral: puede que conscientemente o de forma inconsciente te mantengas alejado de un compañero conocido por sus críticas constantes. Quizás lo racionalizas culpando a factores como la mala iluminación o los asientos incómodos. Aunque es natural evitar situaciones o personas que generan malestar, el problema surge cuando la fuente del desasosiego emocional permanece sin identificar. Esta ambigüedad puede derivar en una mentalidad estresante, en la que te sientes constantemente agotado intentando esquivar una amenaza difusa. En pocas palabras, tu mente te dice que todo está bien, pero tus reservas psicológicas se consumen con una respuesta de huida constante y no reconocida.

Curiosamente, la evitación puede manifestarse como una hiperfocalización en un único punto de interés — un pensamiento, problema, persona o aspecto de la vida específicos — diseñada para desviar la atención del malestar emocional subyacente. Aunque eficaz a corto plazo para superar desafíos, esta estrategia tiene sus inconvenientes. A largo plazo, el malestar emocional no abordado puede enquistarse en el subconsciente, lo que podría derivar en depresión o niveles elevados de ansiedad. Los incesantes cálculos mentales orientados a controlar las situaciones para evitar el enfrentamiento directo con una fuente de miedo pueden agravar esta condición.

En resumen, la evitación puede funcionar como un mecanismo de afrontamiento para mitigar el estrés, pero conlleva contrapartidas. La dependencia excesiva de la evitación puede frenar el desarrollo personal al reducir el abanico de experiencias que uno está dispuesto a vivir. Por ejemplo, rechazar una invitación social por aprensión ante conocer gente nueva puede impedir la oportunidad de forjar conexiones significativas. La pregunta entonces es: ¿cómo podemos aprovechar la evitación como herramienta de alivio inmediato sin sacrificar el crecimiento personal a largo plazo?

Navegar el laberinto de la evitación: del reconocimiento a la resolución

El primer paso para detener la conducta de evitación es reconocer su existencia discreta. Aunque este reconocimiento suele ser esquivo — dado que la evitación opera de forma inconsciente —, es un primer movimiento fundamental. A continuación, llega la tarea de identificar el estresor específico que estás eludiendo. Comprender los desencadenantes emocionales detrás de tu evitación puede requerir cierta introspección. Una vez identificado el culpable, comienza el trabajo real: enfrentarlo de frente. Aunque esto pueda parecer sencillo, a menudo surgen complicaciones, especialmente si la evitación ha sido un mecanismo de afrontamiento exitoso en el pasado. En momentos de fracaso, tendemos a centrarnos en el control de daños en lugar de abordar la causa raíz.

La etapa final consiste en diseñar estrategias que resuelvan los problemas sin crear otros nuevos. Ya sea que estés esquivando las complejidades de la vida o soslayando desafíos que se sienten insuperables, la solución puede residir en desarrollar nuevas habilidades o buscar apoyo externo. En definitiva, abordar la evitación enriquece tu vida y fomenta la resiliencia emocional. Abrazar la incomodidad y la incertidumbre, en lugar de huir de ellas, cataliza el crecimiento personal y eleva tu salud emocional.

Referencias

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